Las prendas interiores femeninas de la Belle Epoque, de 1870 hasta la Primera Guerra Mundial, todas blancas, estaban cargadas de bordados a mano, aplicaciones de encajes, alforzas, alforcitas, alforzones, valencianas, entredós, monogramas, bordados y pasacintas.
La dama del período romántico, de finales del siglo XIX y principios del XX, usaba una camisa, calzones, corsé con liguero para sujetar las medias, podía llevar enaguas o viso y cubrecorsé. La multiplicidad de prendas no distinguía clases sociales, aunque sí se diferenciaban las mujeres ricas de las pobres por la calidad de las telas.
Al finalizar el siglo XIX, las mujeres gastaban gran parte de su tiempo y esfuerzo en vestirse cada día, incluyendo copiosas capas de camisolas, camisetas y enaguas. Así, verdaderamente, uno de los propósitos del desarrollo de los modelos en la moda y lencería, ha sido ahorrarse el tiempo que se gastaba en vestirse.
El brasier, sujetador o sostén es también Belle Epoque. La neoyorquina Mary Phelps Jacob cambió para siempre la moda femenina en 1913 cuando inventó el primer sujetador atando dos pañuelos. Jacob empezó a fabricarlos para su familia y amigos, y pronto comenzó a circular la noticia. En 1914 había conseguido la patente de su diseño y los estaba vendiendo por todos EE.UU. Pero históricamente el brasier había surgido como un corsé para resaltar la figura perfecta, (siglo II A.C., en Creta). En los años 20 el sujetador se separa del corsé, constituyendo el nacimiento de la prenda que hoy conocemos, con la diseñadora francesa Hermine Cadolle.